Cada vez que lo buscaba, él estaba ahí.
Ella frágil, tambaleando. Y él también.
Pero él le daba esperanza y ella le daba paz.
Y se querían, se querían de la forma más sincera.
Se regalaban sonrisas, se entregaban pensamientos, distracciones, horas de sueño.
Hasta inventaron su propio lenguaje, se entendían sin decirselo.
Se mentían, pero sabían la verdad.
Y cada vez que lo miraba lo encontraba.
Él siempre dispuesto. Y ella también.
Se necesitaban, si. Pero eran lo suficientemente inteligentes como para entender que eran ellos los que elegían necesitarse.
O cobardes, no sé.
Y así estaban, y así pasaba el tiempo. Viéndose con excusas, rozándose con disculpas, sonriéndose a la cara.
Riendo enrojecidos.
Extrañandose callados.
Queriéndose sin decirlo.
Él la quería, si. Y ella también.
Pero con eso no basta.
