Once upon a time...


Caradura o no, tenías que ir y enfrentarlo vos. Venís fantaseando con él, desde que lo conocés, y ésta era una oportunidad, y no daba dejarla pasar.
Estaban todos un poco repartidos, y él estaba con sus amigos. No sé que estás haciendo, ¿No te morís de miedo, y de vergüenza? ¿Toda esa sangre que colorea tus pómulos, no te quema?
Loca, te admiro.
- Podemos caminar/ querés acompañarme/ por allá/ vamos/ un poco/ podés venir/ un rato/ te quiero decir algo/ vení/ salí de acá/ caminemos un poco/ por allá.
No sé como carajo entendió lo que le quise decir, entre mi tartamudeo, mi cabeza que no largaba una frase entera, sus amigos que me miraban, su carita, y mi cuerpo que no dejaba de temblar.
- Dale, vamos.
El forro con su sonrisa compradora y esa confianza que no sé de dónde la saca, se paró conmigo, y empezamos a caminar.
Yo ya estaba perdida, hasta ahí había llegado mi plan.
Caminamos a no sé donde, no sé cuanto tiempo, ni cómo. Pero en un momento paramos.
Él es el hombre, pero algo me decía que en esta, yo tenía que poner primera.
Lo miré, y se lo pregunté. (Estaba sobria, y mi caradurés no llegaba al punto de comerle la boca sin previo aviso).
Esperé un segundo, no sé qué espere, porque no me interesó escuchar su respuesta, si es que hubo una... ya no me acuerdo.
Y ahi estabamos los dos, y acá ya no sé qué más poner, porque no sé cómo fue.
No sé qué sentí, no sé si fue más o menos de lo que esperé, no sé cuánto duró, no sé cuánto tocó, ni cómo terminó.
Pero volvimos, entre picos quizás, a donde estábamos, y nos separamos un poco, como si nada, con una sonrisita que se me escapa, y no pude confirmarlo, pero seguramente mi cara era un tomate (Él odia los tomates).
No sé qué dijimos, cómo lo hicimos, ni cuándo, porque no pasó. Pero cuando pueda contestar todos estos vacíos, felizmente lo voy a hacer.
Suerte para mí. Suerte para mi destino.