Ahora ni torta, ni pan.

Yo creo que es todo más que entendible.
Soy una pendeja de 15 años, que quiere hacer todo, hasta que se acuerda que es una pendeja de 15 años. Y ahí que pasa? Ahí arrugás.
Cae un pibe de veinti-pocos, que me dá cabida, es fachero, pasó por todas, y tiene mil y una para enseñarte, o eso te hace creer, y vos le creés, aunque a veces esté súper equivocado, te hace creer que las cosas son así como él dice. Te hace sentir segura, y te dás cuenta que en un par de semanas, ya le tenés confianza a este flaco, que te empieza a dar vuelta todo, y agitar tu mundo, que tan vacío y muerto estaba.
Y sí, es un hijo de puta, vos con las hormonas al palo, y este te viene a plantear situaciones que te dan ganas de olvidarte de todo.
"Si venis, no me hago cargo de nada".
Te tiene loca, y ese juego que vos misma empezaste de a poco, no te deja dormir en paz... 
¿Cómo hace, para que pueda decirle todo lo que le digo, sin sentirme avergonzada? Al contrario, te encanta... Te encanta él, su aparente madurez, su forma tan directa de ser (90% del tiempo), su lado sensible, sus miserias... ¡Sus miserias!, su pasado oscuro, sus conflictos con él mismo, su poesía, sus gustos, hasta te toca la batería, después de amenazarte con tocarte a vos...
Si, parece perfecto, o no, peor, sé que esta lleno de cosas malas, y me gusta más así. Yo ya no sé qué hacer.
Y sabés muy bien, que tiene su vida, y sus minas, y aunque las super-envidiás, no te joden, porque no pretendés ser su novia (sería soñar MUCHO) Pero qué pretendés? Si sos una pendeja de 15 años, al fin y al cabo, si arrugás, si los ovarios no te dan para ser solo 'una más'. ¿Qué querés? 
"Siempre abrazo, nunca un beso. Ahora ni torta, ni pan."
Dame mi pan, mi torta, y todo eso que me perdí. Dámelo a él, y todo lo que nos decíamos, aunque nunca pase a hechos, necesito su calor, su forma de hacerme volar.
 Empaquetalo, y dámelo a mí.
Cambio y fuera.